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Entrevista a la familia Espina Roco

¡Es verdad! Dios provee

Luis Espina Romero, 43 años, vende sistemas contra incendios. Es el segundo de cuatro hermanos. En 1991se casó con Marianela Martínez, que murióen diciembre de 2000, al nacer Martín, su cuarto hijo. Sus hijos de este matrimonio son Simón (20), Daniel (17), Agustín (14) y Martín (11).
El 19 de enero de 2002 se casó con Maricel Roco Soto, 37 años, Contadora Auditoria, la mayor de 4 hermanos. Hace trabajos de contabilidad en su casa. En este matrimonio han tenido 4 hijos: Camila (10), José (6), Pedro (5) y Luis (1 año diez meses), todos por cesárea. Y están dispuestos a que vengan más…

Tienen casa propia desde 2002, que les costó 1.300 UF y les quedan 10 años por pagar.

Luis, ¿cómo fue que murió Marianela tras el parto?
Yo alcancé a estar casi diez años casado con Marianela y en el parto de Martín ella falleció por complicaciones en la placenta. Le pusieron plaquetas el día anterior, pero Dios quiso otra cosa. Nació Martín y al día siguiente falleció Marianela, el 7 de diciembre de 2000.

Quedaste solo con cuatro hijos, entre ellos una guagua. ¿Cómo te la arreglaste?
Nosotros éramos de la parroquia San Joaquín, de Renca, donde participamos en el Camino Neocatecumenal. Sentimos un gran apoyo de la comunidad parroquial y también de mi suegra, a cuya casa me fui a vivir por un tiempo, pero se dieron las cosas para volver a vivir en forma independiente. En mi trabajo me apadrinaron con la leche para Martín los primeros cuatro meses y fui de los primeros beneficiados con el postnatal de tres meses.

¿Qué edades tenían tus hijos cuando murió Marianela?
Simón tenía 9 años, Daniel 6 y Agustín 4. También tuvimos dos pérdidas entre medio. Cuando se embarazó del Martín, el  médico nos sugirió indirectamente abortar, porque ella había quedado con una placenta previa, por lo que el desarrollo del embarazo y el parto iban a  ser complicados Ella dijo que no, que prefería tenerlo y que confiaba en Dios. Teníamos ya tres hijos y veíamos que Dios proveía, que no nos dejaba solos. Nunca nos faltó nada.

Confiaron en Dios, pero se murió Marianela. ¿Dónde queda la confianza en Dios?
Yo recuerdo que en el día del funeral, al que fue mucha gente, familiares, amigos, las comunidades, dije que ante este acontecimiento se me mostraban dos caminos: dudar de todo lo que se me había dicho acerca de Dios y pensar que Dios era un monstruo, que cómo es posible que me dejara solo con cuatro hijos. La otra alternativa era bendecir al Señor, sin entender  absolutamente nada, como la Virgen María, y decir “que se haga en mí tu voluntad”. Y opté por este camino.

Después de todos estos años, ¿cómo te ha ido con esa opción?
No me he sentido defraudado. Dios ha cumplido su promesa. Porque yo soy muy débil, me cuesta la relación con los hijos. He conversado con mi esposa de cómo Dios me ha regalado tantos hijos a mí, que tengo tan poca paciencia. Pero Dios sabe hacer las cosas. Yo he querido que Él haga su voluntad en mi vida, aunque me ha costado, pero Él ha sido más fuerte que yo.

¿Cuánto tiempo viviste solo con tus hijos?
Alrededor de un año. En este tiempo, al rezar la Laudes, que comienzan con la antífona que dice “Dios mío, ven en mi auxilio. Señor, date prisa en socorrerme”, yo sentía que Dios fue fiel, me sostuvo en ese tempo y se apuró en socorrerme, porque yo no esperaba otra mujer todavía. Pero Dios vio bueno para mí regalarme una nueva esposa y una madre para mis hijos. La conocí cuando fuimos con un equipo del Neocatecumenado a dar catequesis en una capilla de la parroquia. Fue un enamoramiento mutuo, fulminante. Llevábamos una semana y yo ya sentía que iba a ser mi esposa. Ella era soltera y sintió lo mismo. Incluso me sugirió que nos fuéramos a vivir juntos, pero yo le de dije que no, porque yo no quiero una tía para mis hijos, “yo quiero estar contigo para siempre, hasta que la muerte nos separe, yo quiero una esposa y una madre para mis hijos”. Pololeamos como siete meses y nos casamos. Fue muy duro para mi suegra, la madre de Marianela y para mi entorno.

Maricel, ¿cómo fue tu encuentro con Luis?
Cuando empecé a participar en esas catequesis yo venía de fuera de la Iglesia. Además, tenía un pololeo de casi 9 años y estábamos listos para casarnos. Yo había hecho una vida distinta a lo que la Iglesia hoy me ha mostrado. Cuando conocí a Luis dije: “Quiero esto para mi vida”. Vi que era distinto, que los matrimonios en la Iglesia eran distintos. Nos encontramos él con el sufrimiento que traía y yo con mi vida que iba para un lado y para otro.

¿Cómo fue que decidiste casarte con un viudo que ya tenía cuatro hijos?
En el momento no vi dificultad. Tenía afinidad de tía con los niños, les hacía cariño. Cuando estábamos por casarnos, Simón me dijo: “Tía, después que usted se case con mi papá, ¿podemos decirle mamá?”. Le dije que sí. Pero una cosa muy distinta es vivir todos los días con ellos, empezar a poner reglas. Creerse el  cuento que vas a ser la mamá es muy distinto. Pensé que si todos dicen que Dios ayuda, tenía que probar. Además que no tenia experiencia de manejar un hogar, yo venía de trabajar en oficina desde que me recibí. Mi proyecto de vida era tener un hijo y una nana. Cuando me casé seguí trabajando hasta las siete de la tarde. El tiempo que compartía con los niños era muy poco. Con dos horas al día con ellos es muy difícil establecer un vínculo,  sobre todo que venían con una historia, con un dolor muy grande. Como llevaba muy poco tiempo en la Iglesia, llegué al matrimonio con mis anticonceptivos, pero Luis dijo que no. fue la primera discusión que tuvimos, porque el tema no lo conversamos antes. Pero acepté y llegué embarazada de la luna de miel. Nació la Camila y me dio depresión post parto. Desde ese fondo pude salir y desde esa maternidad partió otra historia. En ese acontecimiento de muerte vi que Dios estaba presente y que me resucitó, me cambió la mentalidad y empecé a caminar en otro sentido, me abrí a la vida y vi que Dios estaba en la precariedad de mi  maternidad.

¿Y seguiste trabajando?
En la Iglesia mis catequistas me ayudaron a dejar el trabajo y estar en la casa con mis hijos. Yo ganaba el doble de dinero que Luis. ¡Era una  locura! Sacaba las cuentas y veía que no iba a alcanzar. Pero renuncié, sin recibir indemnización. Después nació el “Josito” y luego Pedro, los tres por cesárea. Por esta razón distanciamos el cuarto hijo, Luchito, que nació, también por cesárea, con poco más de tres años de diferencia con el anterior. Entendí que estar abierta a la vida no era tener y tener hijos. Me ayudó mucho la encíclica Humanae vitae, en la que vi como una poesía al amor conyugal. Comprobé que de verdad Dios provee, que Él es  el primer Padre.

Luis tiene un cáncer a la vejiga y ha tenido dos operaciones. Por esto, usando el método Billings, aceptamos la recomendación del médico de distanciar un eventual nuevo embarazo, hasta que pasen los efectos de las quimioterapias.

Maricel, en definitiva, ¿cómo ha sido para ti esta experiencia de la maternidad?
Siento que para mí la maternidad ha sido una bendición. Después de haber vivido como madre fuera de la casa, por el trabajo, y ahora dentro de la casa, esto ha sido un regalo, un don de Dios. Yo me he rejuvenecido con la maternidad, me esmero por arreglarme, por verme mejor para mi esposo. Eso de que una se deja de atender es cosa de organizarse. Yo arreglo a todos los niños y salgo impecable, no he tenido una despreocupación de mi persona por tener más o menos hijos. Si necesito ir a la peluquería lo converso con Luis y él se queda con los niños. Mi mejor título ha sido ser mamá, me he sentido realizada, yo que esperaba realizarme en mis estudios y en una profesión. Me encanta atender yo misma a mis hijos, le doy gracias a Dios cuando me veo colgando la ropa, por la simpleza de verlos dormir la siesta. En la Iglesia aprendimos a rezar y a pedir los dones de la maternidad, que me nazca el amor todos los días. Y Dios lo concede. Rezamos todos los días las laudes con mi esposo y los domingos con los niños. Ahí nos cuentan sus problemas de la semana, porque también tienen sus problemas, y los escuchamos

¿Cómo lo hacen para mantener un hogar con ocho hijos?
Cundo dejé de trabajar busqué que me becaran los niños que están en básica, nos regalaron ropa y tú ves cómo Dios provee a través de las personas. En el colegio nos exigen la ficha de protección social. Vino una encuestadora y me pidió los comprobantes de todos los gastos, dividendos (200 mil pesos mensuales), luz, agua,los gastos del supermercado, más el colegio de los niños en la Media, que son 60 mil, también la liquidación de sueldo de Luis (500 mil pesos) y lo que yo promediaba con los trabajos de contabilidad que hago en la casa (unos 300 mil pesos). Y nos decía que esto no cuadraba, que cómo lo hacíamos para subsistir una familia de diez miembros. Pero Dios no nos falta.

Luis: Vivimos en forma austera, no nos damos lujos, no salimos a comer afuera, pero igual nos damos algunos gustos, compramos unas papas fritas, a veces comemos pizzas, que la hacemos nosotros mismos, no las compramos hechas, y los domingo hacemos algo especial para almorzar. En la semana acostumbramos a tomar las once todos juntos, para compartir en familia y estar cera de los hijos.

En materia de salud, estamos ahora en Fonasa, porque la isapre nos salía muy cara, los planes están calculados según  las cargas, por lo que nos cobraban mucho más.

Maricel: Imagínate, yo estoy en edad fértil, he tenido cuatro cesáreas, entonces soy de alto riesgo.

Luis: Y yo con este cáncer.

¿Qué otras dificultades enfrenta una familia numerosa?
Maricel: Cuando yo trabajaba, traté de trabajar  mediodía.  Me redujeron el sueldo a la mitad, pero seguía con la misma carga de trabajo, tenía que hacerlo en medio día y estaba más estresada. El horario de trabajo no ayuda a la mujer a hacer vida familiar, las jornadas son muy largas. Además, la competitividad no ayuda a que la mujer quiera tener más hijos, para qué tener más hijos si los tiene que cuidar otra persona mientras yo tengo que trabajar. Si no hay mas flexibilidad horaria para la mujer que trabaja, ella se resta a la maternidad. Si hubiera facilidades para salir más temprano y compartir con los hijos, tal vez la mujer se dispondría a tener más hijos. Cuando yo me vine a la casa mi realidad  cambió rotundamente, estoy con mis hijos, no vivo estresada y Dios no nos falta.

¿Y la vivienda?
Maricel: Esta casa era de cuatro dormitorios muy pequeños, los niños estaban muy apretados, no tenía dónde poner su ropa, sus cosas personales. Nosotros la ampliamos y ahora tenemos 6 dormitorios. Pero las viviendas son “anticonceptivas”, porque son muy chicas. No hay espacios para que la familia comparta.Después los niños van creciendo y necesitan su espacio de  privacidad. También tuvimos que ampliar el comedor, porque en la Iglesia hemos aprendido a vivir dignamente, a separar dormitorios de los niños y las niñas, a resaltar el comedor como un lugar de encuentro y de compartir el pan.

Luis, ¿es efectivo que tus hijos mayores han viajado al extranjero?
Sí. Simón viajó a Brasil, con otros jóvenes de la parroquia, cuando el Papa fue a Aparecida, en 2007. Y Daniel fue a Madrid a la JMJ de 2011, los jóvenes de la parroquia organizan beneficios y actividades para juntar el dinero. Y ahora los tres mayores quieren ir a la JMJ de Brasil en 2013.

 

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